María Pía Contreras tiene 14 años y este verano escribió una página importante para el motocross tucumano. La adolescente se consagró campeona del Torneo de Verano después de sumar puntos en las tres fechas del calendario: dos en Tafí del Valle y una en Aconquija (Catamarca). En la segunda carrera sufrió un accidente y aun así terminó segunda en la categoría Damas. Se recuperó, volvió a subirse a la moto y cerró el campeonato que en 2025 se le había escapado.
En la categoría 85 cm³ fue la única mujer en la grilla durante todo el torneo. El motocross forma parte de su rutina diaria. Pia sale del colegio, se cambia y entrena. En 2025 ya había sido subcampeona tucumana y tercera en el NOA compitiendo siempre contra varones. Este año el objetivo es seguir creciendo y sumar torneos nacionales.
“Quiero que las chicas se animen. Todo se puede en la vida. Hoy soy campeona y para mí es una alegría enorme. Subirse a una moto es espectacular”, resumió. A partir de historias como la de Pía empieza a abrirse camino una discusión más amplia.
En el fútbol la discusión sobre el rol femenino avanza con mayor visibilidad. En los deportes de motor la deuda sigue siendo grande. La Fórmula 1, que inició su temporada 2026 este fin de semana en Australia, refleja ese proceso con avances que van a una velocidad muy distinta a la de sus monoplazas.
En la parrilla de salida todavía no figura una piloto titular. Mercedes anunció en enero a la francesa Doriane Pin como piloto de desarrollo. Tiene 23 años, fue campeona de la F1 Academy y ya formaba parte del programa junior de la escudería. Corrió en el Ferrari Challenge europeo y se inició en el karting a los nueve años. En el equipo que dirige Toto Wolff trabaja junto a otros jóvenes del programa de desarrollo mientras continúa su formación en categorías de resistencia.
Los cambios también aparecen en otros lugares del paddock. El circuito de Albert Park, sede del Gran Premio de Australia, decidió renombrar su curva 6 en honor a Laura Müller y Hanna Schmitz, dos ingenieras que ocupan roles fundamentales dentro de la categoría.
Müller trabaja como ingeniera de carrera de Esteban Ocon en Haas. Ese puesto implica comunicarse directamente con el piloto durante la carrera, analizar información en tiempo real y tomar decisiones técnicas que pueden cambiar el resultado de un Gran Premio. Es la primera mujer en desempeñar ese rol en la historia de la categoría. Graduada en Ingeniería Automotriz, llegó a la Fórmula 1 con el sueño de competir contra Michael Schumacher.
Schmitz, por su parte, es jefa de estrategia de Red Bull. Su trabajo consiste en decidir cuándo parar en boxes, qué neumáticos utilizar y cómo reaccionar frente a cada variable de carrera. Cada una de esas decisiones puede definir victorias o derrotas. Llegó al equipo en 2009 y su influencia en los recientes títulos de la escudería resulta reconocida dentro del paddock.
Nombrar una curva en su honor en realidad representa algo más profundo y es la presencia femenina dentro de áreas donde antes era impensada.
Ese crecimiento también se apoya en nuevas categorías. La F1 Academy nació con el objetivo de generar una estructura de desarrollo para mujeres dentro del automovilismo. La categoría utiliza monoplazas de Fórmula 4 homologados por la FIA y reúne a 18 pilotos distribuidas en seis equipos. Funciona como una plataforma de formación para competir luego en Fórmula Regional, Fórmula 3 u otras disciplinas.
Detrás del proyecto aparece Susie Wolff, una de las últimas mujeres que condujo oficialmente un monoplaza de Fórmula 1. Fue piloto de pruebas de Williams y hoy dirige la F1 Academy. Su idea apunta a reconstruir una escalera que conduzca nuevamente a una mujer hacia la máxima categoría.
El antecedente histórico muestra lo complejo de ese camino. A lo largo de la historia de la Fórmula 1 compitieron apenas cinco mujeres.
La pionera fue la italiana Maria Teresa de Filippis, que debutó en 1958 en el Gran Premio de Bélgica con Maserati. En aquella época un director de carrera llegó a decirle que el único casco que debía usar una mujer era el de la peluquería. Terminó la carrera en décima posición.
15 años más tarde apareció otra italiana, Lella Lombardi. En 1975 consiguió medio punto en el Gran Premio de España y se convirtió en la única mujer que logró puntuar en la categoría. La carrera se detuvo antes de completarse tras un accidente que provocó víctimas entre el público.
La británica Divina Galica intentó clasificarse en tres Grandes Premios entre 1976 y 1978. Desire Wilson participó en la clasificación del Gran Premio de Gran Bretaña de 1980. Giovanna Amati fue la última en intentarlo en 1992 con el equipo Brabham.
Desde entonces las mujeres ocuparon otros roles dentro del automovilismo: ingenieras, estrategas, pilotos de pruebas o desarrollo. Sarah Fisher probó un McLaren en 2002. Wolff volvió a subirse a un monoplaza en entrenamientos libres en 2014. Tatiana Calderón, Jamie Chadwick y Jessica Hawkins formaron parte de academias de desarrollo de distintas escuderías.
Mientras tanto, el público también cambió.
Una encuesta global realizada por la Fórmula 1 entre más de 100 mil aficionados de 186 países mostró un dato revelador: el 74 % de los nuevos fans son mujeres. Más de la mitad lleva menos de cinco años siguiendo el deporte. Muchas llegaron atraídas por historias personales de pilotos, por la estética del paddock o por el contenido que circula en redes sociales.
La Generación Z aparece como motor de ese crecimiento. El vínculo con los pilotos se construye como una relación cultural más amplia que el simple seguimiento deportivo.
Esa transformación también alcanza al periodismo.
En Argentina una de las voces jóvenes que creció junto al auge reciente de la Fórmula 1 es Florencia Andersen. Su historia empezó frente al televisor, mirando carreras con su padre los domingos por la mañana. Durante años fue una pasión de fin de semana mientras estudiaba Derecho. Con el tiempo decidió cambiar de rumbo y comenzar la carrera de Periodismo Deportivo.
El primer paso llegó con un mensaje por Instagram al programa “Telemétrico”, que conduce Adrián Puente. Andersen escribió proponiendo una mirada femenina dentro del programa. La respuesta llegó y abrió una puerta inesperada. Desde entonces analiza carreras, explica estrategias y viaja a distintos Grandes Premios para cubrir la categoría.
Reconoce que el famoso síndrome del impostor aparece más de una vez. La respuesta es estudiar más. Aprender cada circuito, cada reglamento, cada detalle técnico. También construyó una comunidad en redes sociales donde explica la Fórmula 1 con un lenguaje accesible para quienes recién se acercan al deporte.
De alguna manera, su recorrido refleja una tendencia más amplia. Mujeres que se acercan al deporte desde distintos espacios.
Nombrar una curva, crear una academia o sumar pilotos de desarrollo son señales de avance. También funcionan como recordatorios de todo lo que todavía falta. En la parrilla de la Fórmula 1 siguen sin aparecer mujeres, y en muchos campeonatos las chicas continúan corriendo en categorías pensadas como excepción.
En ese recorrido largo entran historias como la de Pía en Tucumán. Chicas que se suben a una moto, a un kart o a un auto sin esperar que el deporte cambie para hacerlo. Primero aparecen ellas. Después, con el tiempo, las estructuras empiezan a moverse. Y cada vez que una cruza la línea de llegada, el camino queda un poco más abierto para la que viene atrás.